Las visitas se sacaban los zapatos antes de bajar el escalón del pasillo que daba a los cuartos porque justo debajo de él habían unas maderas levantadas que hacían crujir el piso. Las amigas de mi abuela dejaban sus tacos arriba de la biblioteca y sus maridos los mocasines al lado del revistero. En puntas de pie iban hasta el cuarto del bebe Mío y se quedaban ahí mirándolo dormir y mover las patas mientras soñaba que corría.
sábado, 14 de mayo de 2011
viernes, 29 de abril de 2011
domingo, 24 de abril de 2011
Vi en internet que se conocieron las causas por las cuales miles de pájaros se murieron en Estados Unidos. Así de repente se cayeron sin vida al piso. Y los norteamericanos se preocuparon pero no entendían el porqué los pájaros mueren.
Con mis primas siempre nos preguntamos dónde mueren los pájaros. En la ciudades, debería haber palomas y gorriones por cada tres baldosas. Y no. ¿Tendrán un lugar al que van todos a morir? Yo estoy segura que no hay tantos perros ni gatos como pájaros para que se los coman a todos. Siempre que comento esto afuera de mi círculo familiar saltan las opiniones por todas partes, en voz fuerte, des autorizándome.
En Estados Unidos los pájaros se murieron de miedo. Escucharon los fuegos artificiales, las bombas por un dólar y cayeron petrificados. Me dieron ganas de darles agua con azúcar.
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viernes, 18 de marzo de 2011
domingo, 13 de marzo de 2011

La infancia de mi mamá en Córdoba duró hasta los 17 años. A pesar de los televisores, teléfonos y radios las noticias llegaban tarde y en un idioma mezcla de inglés, castellano y cordobés que no facilitaba las cosas.
Carola creía ferviente en la cigüeña. En el mismo año en el que probó su primer cigarrillo le escribió la última carta al plumífero pidiéndole, rogándole un hermanito. Se subía al techo mas alto de la casa, con sus patas de tero y la dejaba ahí, entre las tejas segura de que el animal la agarraría y la llevaría para leer en su nido.
Pasó una semana y no había ni señales de la cigüeña. Mi mamá enfrentó a Elise y a Gringo y les dijo: quiero un hermanito o un nuevo perro salchicha. Lo único que recibió como respuesta fue que mi abuela la corrigiera severamente en cuanto al nombre de la raza. Se llama dachshund.
A las dos semanas del episodio mi mamá volvió del colegio Reydon school for girls y Gringo le dijo que fuera a su cuarto directamente, que había una sorpresa. Lo que tanto había pedido se había hecho realidad. Carola empujó la puerta pesada de madera con picaporte de hierro y encontró un cochecito antiguo que miraba hacia la ventana. Juntó las manos y se dirigió hacia el montículo que estaba tapado con una sábana bordada. Un perro salchicha de menos de un mes con un gotero como chupete para ella sola. El mejor hermano del mundo.
domingo, 20 de febrero de 2011
miércoles, 16 de febrero de 2011
sábado, 5 de febrero de 2011
Fragmento

Por años, mientras Abuela juntaba cosmos por las montañas yo me dedicaba a juntar huesos de vaca. Tenía mi colección en la terraza. Mis piezas preferidas eran las cabezas, siempre habían como siete en una fila perfecta. Las vacas son distintas a los perros salchichas, no te demuestran amor.domingo, 30 de enero de 2011
La reina de las tortugas
Es verano y vamos al río. En vez de ir al Pintos vamos a uno en el que no están nuestros conocidos. Al principio hay mucho hippie, pero bien al fondo hay una playa, la de las fotos de cuando éramos chicas, que desapareció hace ya varios años. Al lado de ella hay otra, en la que nos podemos sentar, y dejar el jugo de pomelo, las costillas y el vino.
Hace calor y en el Rio Quilpo siempre hay diez grados mas que en casa. Somos nosotras cinco mas un novio y Liam, el perro. Mientras Pedro trata de agarrar mojarritas con un vaso de plástico nosotras nadamos. Las Viejas del Agua son horribles, pero me auto convenzo que están cerca de las piedras, que sus bigotes no van a tocar mis dedos del pie y sigo nadando.
Mi mamá grita, es porque una cabeza se asomó desde la profundidad del agua y está segura que es una víbora. Lo grita: ¡Víbora Víbora! Dos cabezas mas aparecen. Yo me empiezo a reír, porque todas tratan de llegar a la orilla y los gritos son muy agudos. Mi tia me hunde la cabeza mientras trata de avanzar y a mi se me queda un alga pegada en el pelo. Salgo última mientras me trato de acomodar los triángulos de la bikini.
Las cabezas se estiran y nos damos cuenta que son tortugas. Las miramos un rato y seguimos con lo nuestro, mi primas toman sol, Pedro sigue con las mojarritas y yo grabo a Liam mientras juega en la arena. Pero mi mamá no se despega de la piedra donde está en cuclillas mirando a las tortugas. Grita: ¡Cuatro, cinco, seis tortugas!
Su euforia sube cada vez más de nivel y mientras las tortugas van avanzando se va convirtiendo no solamente en una de ellas sino en su reina.
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