jueves, 30 de junio de 2011

viernes, 10 de junio de 2011

fragmento V

Bato el café con leche hasta que quede lo mas blanco posible, esta vez le tengo que ganar a mi prima. La proporción exacta de leche,azúcar y café es clave. La muñeca se acalambra pero se que estoy cerca, que cuando llegue a beige oscuro tengo que dejar de mirar y en unos minutos se va a tornar camel. No aguanto y me como la mitad de la mezclita. ¿Tostadas? No gracias.

Por muchos años una de mis mayores diversiones fue irme a dormir a lo de mi abuela, tres pisos más arriba que casa. Subía en camisón con mi pato y quizás un pingüino y una valijita que era de mi mamá que se ajustaba con una traba tipo Hermés y estaba forrada con un género de flores fucsias. Los desayunos en el octavo c eran en el comedor. Hortencia, o como Elise la llamaba Jourtencia, nos traía los cafés en unas tazas mas anchas que altas con tulipanes colorados, azules y amarillos pintados. Jugábamos carreras, o eso me hacía creer Abuela para que me lo tomara todo. Yo siempre ganaba.

En el trabajo en la fundación lo primero que aprendí fue la lógica del café de filtro: el chorro no tiene que ir dando vueltas, va recto hacia el centro y ahí baja más rápido. De vez en cuando y por vueltera me manchaba con los granitos marrones.